En las últimas semanas
han aparecido una serie de discusiones en todos los círculos sociales con
respecto al aborto. Se han puesto en manifiesto las posturas, emociones,
ideologías y creencias de cada persona en las redes sociales y medios de
comunicación. Sin embargo, en medio del debate sobre la vida y la muerte, los
derechos de la mujer y la ética médica, se han hecho invisibles las reales implicatorias psicológicas de las madres luego vivir un aborto.
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| Foto: Mercurio |
Independientemente de
que una persona haya tenido un aborto provocado, terapéutico o espontáneo, el
hecho de que una mujer tenga que haber vivido una interrupción en su embarazo
ya es motivo de dolor para ella, ya que el embarazo es un proceso que comenzó a
gestarse no solo en el cuerpo, sino también en la psiquis de la madre, por lo
que experimentar luego esa pérdida, por las razones que sean, trae
repercusiones a nivel psicológico y emocional para la mujer y muchas veces
también para su entorno.
Las manifestaciones
psicológicas de un aborto pueden variar considerablemente de una mujer a otra
tomando en cuenta el nivel de conciencia de la madre, la vivencia propia del
aborto, que puede haber sido traumática o no; el momento del ciclo vital en el que
se encuentra, condición en la que se embaraza, ideologías y creencias al
respecto, etc. Sin embargo, todo aborto supone una pérdida, de algo que estuvo
y que ya no existe, cómo toda pérdida requiere de un proceso de duelo y en la
mayoría de los casos de reparación.
Las
consecuecias
Los efectos a nivel
psicológico pueden ser cambios en el estado de ánimo, sentimientos como
irritablidad, miedo, ansiedad, dolor y culpa, muchas veces se puede
interiorizar el aborto como una experiencia traumática, puede generar un estado
de depresión, desconexión con los propios sentimientos, aislamiento social y
separación con la pareja.
Existe el Síndrome
Post Aborto descrito como similar al Stress Post Traumático. En la literatura
lo relacionan a la predisposición al consumo excesivo de sustancias,
abuso de drogas, y consultas psiquiátricas por trastornos ansiosos.
En otras personas, las consecuencias de un aborto se manifiestan en la negación
de esta experiencia y los sentimientos asociados a ella hasta que se
desencadenan muchos años después.
Las mujeres que han
tenido que pasar por la experiencia de un aborto deben vivir un proceso que las
ayude a sanar las heridas de la pérdida sufrida, poder reanudar su conexión
consigo mismas, con su cuerpo y el entorno, a fin de encontrar nuevamente el
equilibrio y la paz interna.
Tengo la convicción de
que los profesionales de la salud y todos aquellos que trabajamos con personas,
tenemos que ser capaces de poder integrar el cuerpo con la mente y las
emociones para poder comprender al ser humano de manera íntegra, en este
sentido ser capaces de entender que lo que le sucede al cuerpo no es
independiente de lo que le sucede a la mente y a las emociones de las personas.
En ese sentido, los
cambios y alteraciones que ocurren en la mente siempre tienen su correlato en
el cuerpo y viceversa. Aprender a mirar estos cambios y unir las correlaciones
es un desafío que todavía queda pendiente en la medicina y psicología actual.


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